sábado, 1 de junio de 2013

Si no existiera la banca


Sino existiera la banca tendríamos que inventar algo similar que cubriera la misma necesidad. Porque la banca, desde tiempos inmemoriales, es el principal proveedor de energía para la actividad económica, el aceite que lubrica los motores de esa actividad, la savia que la riega. Y esta necesidad existe y seguirá existiendo mientras sigamos dentro del mismo paradigma económico en el que estamos y, me atrevería a asegurar, continuará existiendo esa necesidad incluso ante hipotéticos paradigmas alternativos que hoy mismo desconocemos y cuya estructura y forma ni podemos sospechar.

PARA LA EMPRESA, FINANCIANDO LA ACTIVIDAD DEL DÍA A DÍA.
La banca nutre de liquidez a las empresas para que estas puedan financiar sus necesidades de circulante y que son las que posibilitan el negocio normal en el día a día: soportar las existencias necesarias para asegura el servicio a sus clientes y financiar, además, el crédito que en ocasiones tenemos que otorgar a los mismos para facilitar y posibilitar nuestras ventas. Si la banca no cumple su función de conceder financiación de circulante, no está cumpliendo con su misión principal como intermediario financiero y está siendo un impedimento para el día a día de la actividad productiva. 

PARA LA EMPRESA, FINANCIANDO EL FUTURO.
Además, entre otros agentes, la banca es responsable de aportar financiación estable a las empresas para que, combinándolas con la aportación de financiación de los accionistas o la autofinanciación, estas puedan abordar nuevos proyectos de inversión y de innovación que permitan el desarrollo futuro. Si la banca no cumple con esa función de facilitar financiación a largo plazo para las nuevas inversiones, está poniendo en peligro el desarrollo futuro de las empresas y por tanto, de la actividad económica en general.

PARA LOS PARTICULARES, FINANCIANDO LA NECESIDAD DE FINANCIACIÓN DE CONSUMO RESPONSABLE A LARGO PLAZO.
Dada la capacidad de ahorro limitada que presenta la mayor parte de los consumidores, de no existir la banca, estos tendrían problemas cuando llega el momento en que necesitan enfrentarse a  determinadas adquisiciones de envergadura (el ejemplo más concreto sería el de la compra de vivienda). La banca, desde una perspectiva responsable y, siempre teniendo en cuenta las verdaderas capacidades del particular, tiene el deber de anticipar parte de esa capacidad de ahorro de su cliente para que este pueda cubrir sus necesidades de consumo a largo plazo. Si la banca no cumple con esa función, pone en peligro la cobertura de ciertas necesidades de los clientes que, al mostrar capacidad de ahorro a largo plazo, deciden anticipar parte de esa capacidad para realizar inversiones responsables en determinado tipo de bienes. Al no anticiparla, la banca además, estaría poniendo palos en la rueda de un desarrollo sostenible de la actividad económica.

El problema actual de parte de la actividad bancaria en muchos países es que, durante bastantes años, esas tres funciones clave se han hecho sin prestar demasiada atención a la necesaria sostenibilidad de las empresas, proyectos o consumidores financiados. Es decir, sin prestar la debida atención al riesgo, imprescindible para poder obtener rentabilidad pero cuyo control es también imprescindible para asegurar la capacidad de devolución del dinero que los depositantes han confiado a las entidades financieras.

Pero desde luego la solución a los problemas de la banca no es dejar de cumplir con esas tres funciones sino volver a hacerlo como siempre se debería haber hecho, con criterios sostenibles y con profesionalidad.

La banca tiene un papel fundamental en la revitalización de la actividad económica. Para cumplir con el mismo los bancos tiene que fortalecer sus balances y asegurar la profesionalización de sus estructuras con personas responsables, con experiencia y con conocimientos adecuados para llevar a cabo las tres funciones que hemos indicado más arriba. Por eso, es una obligación para la banca responsable el optimizar la cadena de valor relacionada con todo lo que está alrededor de la de concesión de financiación en el sentido más amplio de la palabra.

1)    Siendo proactiva en la función comercial y dedicando buena parte de sus recursos humanos a, de forma organizada y respetuosa con el riesgo, ir a buscar demanda de crédito solvente que podamos satisfacer.
2)    Revisando la estructura organizativa y los procedimientos internos de aprobación de operaciones crediticias para disminuir el “time-to-disbursement” de cualquier posible operación desde que se realiza la primera prospección hasta que finalmente se formaliza la facilidad y se desembolsa la misma. Todo ello sin menoscabo del imprescindible análisis de la calidad del riesgo.
3)    Analizando los perfiles de los profesionales que están vinculados al negocio de “lending”, asegurándonos de que tienen las características adecuadas desde tres puntos de vista: la proactividad comercial, la rigurosidad y las capacidades necesarias para la correcta  interpretación del riesgo, y la constancia necesaria para el seguimiento de las operaciones y para la relación con el cliente.

Impulsar la concesión de financiación no solo es un deber de los profesionales de la banca para con su entidad y para con la cuenta de resultados de la misma, es un deber de la banca hacia la recuperación de la actividad económica en términos generales.

Y, en cualquier caso, si no existiera la banca, habría que inventarla.

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